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En grupo aparte, deben colocarse las medallas de carácter puramente religioso, de las cuales hubo un avance en los primeros siglos de la Iglesia y se repitieron ejemplares en los siguientes, pero debieron ser muy escasas antes del siglo quince, desde el que han ido multiplicándose indeciblemente. Se distinguen, por los asuntos que representan y por el apéndice perforado que tienen para suspenderlas del cuello o del vestido.
Entre las medallas, de asuntos profanos e históricos ocupan un lugar preferente las de proclamación o de la coronación de los reyes antes indicadas, las cuales forman series completas en diversas naciones y aun repetidas en cada reinado por diferentes casas o centros emisores de las mismas. En España, se conocen y conservan medallas de este tipo desde Felipe II, siendo tan numerosas las de algunos reyes que sólo de Carlos IV, se registran más de 140 distintas entre sí, emitidas por otras tantas poblaciones o centros diferentes en la Península y sus posesiones de ultramar.
Coleccionismo
La clasificación, de las medallas puede hacerse según un orden histórico o cronológico o artístico o de asuntos, según el interés del coleccionista y la importancia de la colección. El orden, de asuntos generales parece ser el más racional en todo caso, subordinándosele el orden cronológico y separándolas por países.
De todas, las series de medallas se distinguen por su importancia artística e histórica, las Pontificias, acuñadas en Roma con ocasión de la elección de un nuevo Papa o de algún acontecimiento importante de su pontificado.
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